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Vamos a dar un baile, pero que no sea de San Vito

Omar Luja
Esta condición altera el comportamiento neurológico / Foto: Thinkstock
Esta condición altera el comportamiento neurológico / Foto: Thinkstock

Los movimientos coreicos —por ejemplo: tics que no cesan, temblores, convulsiones, entre otras enfermedades en las que se presentan movimientos involuntarios— se han descrito desde los principios de la medicina como “el baile de San Vito”. Incluso, en nuestros días, pervive la costumbre de llamarlas así popularmente. Seguramente, más de dos hemos escuchado a la abuela reprimir a un niño inquieto diciéndole que parece que está enfermo de este baile que no tiene mucha gracia.

Sin embargo, el baile de San vito es un trastorno cuyo nombre realmente es “corea de Sydenham”, “corea menor” o “corea reumática”. Cabe mencionar que San Vito de Lucania fue un mártir del año 303 d.C. Se cree que se convulsionaba a consecuencia de las torturas a las que fue sometido. Antiguamente, este santo solía ser invocado cuando una persona presentaba movimientos coreicos o convulsivos, para su pronta sanación.

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Fue en el año de 1685 cuando el médico inglés Thomas Sydenham distinguió la corea aguda de los niños (corea de Sydenham) de los movimientos antes dichos, así como de la corea de Huntington, la cual antiguamente también era conocida como el baile de San Vito. Aparece en aproximadamente un 10% de los pacientes pediátricos con diagnóstico de fiebre reumática aguda. Frecuentemente, la fiebre reumática aparece unas semanas después de una faringoamigdalitis, resultado de una infección provocada por la bacteria estreptococo beta-hemolítico del grupo A.

A consecuencia de la fiebre reumática puede haber, además de muchos otros signos y síntomas, una inflamación provocada por el sistema inmunológico, que es mediada por los anticuerpos en estructuras del sistema nervioso central, como los ganglios basales y el sistema estriado del cerebro, lo que lleva a presentar la corea de Sydenham o baile de San Vito.

Se manifiesta cuando se sacuden los brazos, se elevan los hombros, hay contorsiones en los dedos, manos y antebrazos, y la actividad fina, como la que se requiere para escribir, se torna prácticamente imposible. De ahí que los afectados estén impedidos para realizar actividades cotidianas como vestirse o comer.

Las piernas presentan debilidad muscular y una marcha sin coordinación. Se puede llegar a perder el equilibrio, riesgo que obliga al niño, en muchas ocasiones, a permanecer inmóvil.

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En el rostro puede haber movimiento brusco de las cejas y ojos. El paciente realiza muecas y desplazamientos de la lengua constantemente. La voz es temblorosa, entrecortada. La masticación y deglución se ven afectadas.

Ilustración de un libro de medicina de principios del siglo XX que describe este mal / Foto: Wikipedia
Ilustración de un libro de medicina de principios del siglo XX que describe este mal / Foto: Wikipedia

Los movimientos de flexión, extensión y torsión del cuello se tornan forzados. A nivel del tórax, puede haber irregularidad en los movimientos respiratorios.

Por lo general, los movimientos mencionados se presentan en conjunto, pero en ocasiones son localizados en un solo miembro o predominan en la mitad del cuerpo.

Aparecen también alteraciones emocionales que abarcan llanto, inquietud, risa y en algunos casos, el baile de San Vito se acompaña de comportamiento desorganizado y delirio.

Los tratamientos principalmente están enfocados hacia la bacteria causante del padecimiento, por lo que se utilizan antibióticos y medicamentos anticonvulsivos entre otros.

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Esta condición ha sido erradicada en los países desarrollados, porque la infección por el estreptococo se combate con antibióticos. No obstante, era una enfermedad habitual en la antigüedad, en la que se daban situaciones que favorecían su aparición.

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Omar Luja es médico cirujano y homeópata por la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía, Instituto Politécnico Nacional, México. Cédula: 7719134